El sector de las telecomunicaciones no da un momento de respiro. Todo en él es una batalla permanente. Batalla financiera para acometer las costosísimas infraestructuras. Batalla inversora para desplegar tecnología, con todo tipo de zancadillas a la ampliación de la cobertura de redes móviles y de fibra óptica. Batalla comercial encarnizada para captar clientes y para arrebatarselos a la competencia…
Los operadores de cable fueron las primeras, y hasta ahora las únicas, empresas que apostaron por librar una batalla contra el operador incumbente en servicios integrados de telecomunicaciones (voz, banda ancha, televisión).
Desde que iniciaron su camino en 1998, hace poco más de 10 años, han ido capturando su cuota de mercado, que es ya importante en algunas zonas.
Desde entonces han pasado por todo tipo de vicisitudes. Han vivido el boom de finales de los años 90 e inicios del siglo XXI, de la mano de internet. Han sufrido la “crisis puntocom”, que saltó las fronteras de internet para golpear también con fuerza al sector TIC (a veces se nos olvida). Han sufrido también duramente los ajustes laborales. Cuando decimos que hay toda una generación de profesionales y directivos que no habían vivido una crisis hasta que llegó esta en la que estamos inmersos (en España, los profesionales de menos de 38 años), conviene recordar que telecomunicaciones e internet han sido la excepción.
En definitiva, es un sector en “crisis” de crecimiento y cambio permanente.
Hoy se anuncian cambios muy importantes en el principal operador de cable español. Eugenio Galdón deja la presidencia de Ono, la compañía que fundó y dirige desde sus inicios, y es sustituido por José María Castellano. En las últimas semanas se notaba un nerviosismo creciente, y ya ayer se adelantaba la noticia del relevo en la presidencia de Ono.
Eugenio Galdón convirtió Ono en el operador de cable más grande de España, haciendolo crecer desde aquellas pequeñas redes locales dispersas por el país hasta convertirse en un rival serio para Telefónica. Hoy, sólo R (Galicia), Euskaltel (País Vasco) y Telecable (Asturias) permanecen como compañías de cable independientes. La alternativa a Telefónica en el resto de España pasa por Ono. La adqusición de Auna en 2005, en un movimiento magistral en el que Ono hizo de “pez chico que se come al grande”, supuso la reválida para participar en la liga de los grandes.
La integración de Auna y Ono, un reto de una magnitud y dificultad extremas, se ha llevado a cabo de una forma bastante exitosa, aunque no sin que muchos pelos se quedaran en la gatera. Ono ha conseguido digerir la pesada estructura de Auna de una manera bastante razonable, y la compañía ha luchado duramente para ordenar la parte baja de la cuenta de resultados.
En mi opinión, Eugenio Galdón merece todo el reconocimiento por haber convertido una visión “casi de locos” en una realidad, haciendo en sólo una década buena parte de lo que Telefónica tardó en hacer 80 largos años (desde su fundación en 1924).
José María Castellano tiene el reto de responder a las inquietudes de los fondos de capital riesgo estadounidenses, que controlan casi el 70% de Ono y están sufriendo duramente los efectos de la crisis financiera mundial. La salida para el capital riesgo pasa sin duda por la venta de la participación a algún gran operador global, pero en mi opinión antes deberán suceder dos cosas. La primera es que se de impulso a las primeras líneas de la cuenta de resultados, estancadas en esta fase de contracción del consumo privado. La segunda, no depende realmente de los gestores: será dificil que un operador pueda plantearse la compra de Ono en tanto no se abandone definitivamente la crisis financiera.
José María Castellano ha demostrado talento sobrado al frente de Inditex para abordar retos dificilísimos, así que no me cabe duda de que tiene capacidad de llevar a Ono a buen puerto. Yo así lo deseo, por aprecio personal hacia la compañía, así como por los usuarios de telecomunicaciones de este país y su capacidad de elección.